|
ESTRÉS
(...)
El ser reflexivo, responsable
o cumplidor no tiene por qué llevar necesariamente una carga de
autodestrucción. Para ello le voy a transmitir una serie de recomendaciones
fácilmente efectúateles para que, sin dejar de ser una persona
laboriosa y comprometida, no pierda la vida en ganársela.
Repita mentalmente estos pensamientos:
"no existe en estos momentos ningún problema que yo deba solucionar.
No existe nada que yo tenga que hacer ahora. No existe ningún sitio
donde yo tenga que llegar a tiempo ". Usted se puede preguntar qué
sentido tiene repetir estas frases y yo le digo, amigo lector: ¿y
qué sentido tiene cuando usted se atormenta con los siguientes
pensamientos?: "voy a llegar tarde", "ya tendría
que estar allí", "¿qué va a pensar mi jefe?",
"en cambio mis compañeros nunca llegan tarde". Comprenda
que pensando como usted lo viene haciendo no le sirve ni para llegar antes
ni para que su jefe tenga más comprensión hacia usted y
sus compañeros van a seguir llegando a la misma hora. Pensando
así su organismo se altera, se altera su frecuencia cardiaca, se
altera su tensión arterial, su ánimo cae en picado y su
autoestima rueda por los suelos. Estará conmigo, querido lector,
en que si tiene sentido pensar algo (lo perfecto es no pensar, según
el budismo Zen) naturalmente será pensar en algo que nos ayude
a recorrer el camino y no mortificarnos hasta llegar. En definitiva, la
mente es la provocadora de muchas reacciones fisiológicas perturbadoras
y de usted depende discriminar y filtrar los pensamientos que, aunque
suyos, no tienen por qué ser ciertos y en el supuesto que lo fueran,
no deben tener la fuerza de poder provocarle daño. Le voy a poner
un pequeño ejemplo para que usted compruebe la estrecha relación
existente entre su mente ysu cuerpo. Todas las mañanas cuando me
levanto de la cama, una vez. vestido, lo primero que hago es dirigirme
a un pequeño jardín para coger un limón de mi limonero
favorito una vez en la cocina, aprieto el tremendo fruto sobre la mesa
para así hacer más fluido el jugo que contiene. A continuación
lo corto por la mitad con un cuchillo y después lo muerdo con fruición en
su pulpa. Lo más probable es que su boca se le haya hecho agua.
Pues bien, no tengo jardín y por extensión, tampoco limonero.
Pero su mente ha provocado una reacción, inocua en este caso, pero
en otros muchos pueden ser perjudiciales. De otra manera, nuestra mente
maneja dictatorialmente muchas reacciones orgánicas, y nosotros
sin enteramos.
¿Qué podemos
hacer?. De entrada restarle credibilidad y para ello tendremos que tener
unos pensamientos estándar: oración, frases elaboradas previamente
como las que recomendábamos al principio de este capítulo,
meditación, Zen, o cualquier ejercicio que sea capaz de sacarlo
de las garras de su mente (al hablar de oración evidentemente me
refería a orar, entendiendo por ello el equivalente a cualquier
técnica oriental de meditación). No deje que se repitan
esos pensamientos, por racionales que sean, que le están haciendo
daño. Practique lo poco que hemos dicho hasta ahora, le aseguro
que será el primer paso hacia una puerta a un lugar mas libre.
Respire profundamente diez
veces. En muchas ocasiones, al no respirar adecuadaente su aparato respiratorio,
de una manera automática y como mecanismo de emergencia, provoca
que usted suspire profundamente, para a continuación sentir un
alivio pasajero. Pero en cambio, si lo hace (respiración) profundamente
y de manera repetida, sentirá cómo su angustia se habrá
diluido.
¿Cómo respirar?.
La mejor manera es introducir aire por la nariz y efectuar respiración
diafragmática, o lo que es lo mismo, en vez de llenar el pecho
de aire debe notar cómo se abomba su vientre. Una vez aquí
el aire, lo mantenemos un par de segundos para a continuación expulsarlo
por la boca. Repita esta operación cuantas más veces mejor.
No existe ninguna medicina tan efectiva e inocua para todo tipo de angustia
y ansiedad y para sacarle el máximo provecho a esta acción
relajante recuerde momentos, lugares o personas que sean de su agrado.
Grite o llore, no sienta pudor,
puesto que es una manera natural y digna de liberar emociones.
Haga ejercicio, camine una
hora diaria, nade, haga bicicleta...
Practique el ayuno al menos
un día a la semana. Durante este día, si le gusta la música,
escúchela, si le gusta leer, lea.
Cohabite amorosamente. Una
relación sexual sin inhibiciones y sin complejos es una solución
magistral para sus preocupaciones. Si teme que su estrés le impida
dormir o incluso trabajar, prepárese una tisana con las siguentes
plantas: passiflora, lúpulo, tila, melisa y valeriana. Cada una
de ellas son lo suficientemente eficaces como para provocar un efecto
de sedación sobre su sistema nervioso, pero claramente obtendrá
más beneficios si toma la infusión de estas plantas mezcladas.
Debe saber que una dieta equilibrada
puede ser la más eficaz de las ayudas. Le sugiero que introduzca
en su dieta los siguientes alimentos: pavo (por contener triptófanos,
aminoácidos que colaboran para su relajación), polen, ya
que este complemento alimentarío es rico en vitaminas, minerales
y aminoácidos, pero recuerde que si no lo mastica adecuadamente
se volverá en su contra. La lechuga contiene un alcaloide que contribuirá a la conciliación
de un sueño profundo y reparador. En esta misma dirección
nos encontramos con la jalea real. Ayúdese con medio gramo díariamente
tomándolo en ayunas, por temporadas (un mes por estación
del año) y en momentos cruciales. Pruebe también con el
guaraná y el ginseng. O con nuestro ginseng español: el
romero. Una infusión de romero dos o tres veces al día nos
aportará tolerancia y serenidad sobrada para llevar a cabo todos
nuestros quehaceres.
Cuando empezamos a hablar
de estrés en este apartado, configuramos una historia casi novelada
para ejemplificar dos tipos. El primer ejemplo era nocivo, puesto que
usted iba temeroso, así que éste sería el estrés
perjudicial para nuestro organismo. Mientras que cuando usted ya había
conseguido su cupón (llevaba prisa, estaba nervioso, etc.) los
síntomas eran distintos. Éste sería un claro ejemplo
de un buen estrés. Al primero, el nocivo, se le denomina distrés,
y al segundo, al bueno, se le denomina eutres. Desde este momento sabrá
distinguir uno de otro.
|